Radiografía de un insólito Mundial

Campeonato sin D10S

La frustración de Leo Messi ha sido sin duda una de las imágenes más desoladoras de un Mundial que le otorgaba ciertas esperanzas para alzarse con el título que le hubiera consagrado de manera indiscutible como el mejor futbolista de todos los tiempos. Aunque lo cierto es que ni siquiera él podía sacar nada bueno de un pobrísimo conjunto dirigido por un entrenador que no tuvo tiempo ni acierto para formar un equipo competitivo a la altura del mejor del mundo. Leo cargó con todo esto y, además, con la obsesión de una hinchada irracional, simbolizada por el patetismo de Maradona. Tras una renqueante primera fase, la selección francesa acabo por consumar un desastre anunciado que acabó con la ilusión y los ánimos de un Messi que, una vez más, se verá obligado a redimirse con la camiseta azulgrana, algo a lo que está más que acostumbrado.

“Polémica” aplicación del VAR

El recelo que generaba la implantación del videoarbitraje parece haberse esfumado tras su buen funcionamiento en muchos de los partidos de este mundial, incluyendo la final. Se ha visto especialmente en la señalización de penaltis, y es que la tecnología aplicada al deporte como recurso en las decisiones arbitrales jamás puede ser una mala noticia, sino garantía de rigor y justicia. En comparación con otros deportes, la tecnología llega tarde en el mundo del futbol y, cómo no, también con polémica. Para muchos, el VAR presenta ciertas dudas, especialmente en cuanto a la regulación de su uso; cuándo y cómo aplicarlo seguirá siendo la asignatura pendiente. Lo que queda claro es que hay decisiones que no son interpretables, lo cual es un avance.

Fracaso de las “favoritas”

Más allá de la incuestionable irresponsabilidad del Real Madrid al hacer público el fichaje de Julen Lopetegui días antes del inicio del Mundial, la selección española terminó acusando la mala decisión de Rubiales al cesar al entrenador vasco. Semejante revuelo acabó con un equipo mal autogestionado e incapaz de presentar alternativas al juego de posesión y, lo que es más grave, de generar ocasiones de gol a pesar de tener probablemente la plantilla más compensada.

El papel de Alemania fue indigno de su historia en los mundiales. Su cartel de favorita quedó en un mito al constatar la obsolescencia de su columna vertebral, sustentada únicamente por Toni Kroos, el último garante del equipo que fue campeón en 2014. Low gestionó mal la regeneración de la plantilla y, al igual que España, no supo encontrar el camino hacia el gol.

El sueño de Neymar duró hasta los cuartos de final, donde topó con la pegada belga. Fue incomprensible como, al encontrarse por debajo en el marcador, el conjunto de Tite se mostró nervioso e inmaduro. Sin ideas, Brasil se desinfló y su estrella acabó deprimida hasta el punto de poner en duda su alegría por seguir jugando al futbol.

Tediosa y potente campeona

La selección francesa cosecha su segunda estrella a base de altura, velocidad y pegada. En un estilo semejante al del Real Madrid, el equipo de Deschamps se ha coronado en Rusia ofreciendo un sórdido planteamiento sin apenas intenciones ofensivas, bastándose con el nivel de sus jugadores. Especialmente relevante ha sido la explosión del jovencísimo Mbappé, un jugador de una velocidad endemoniada y un excelente juego de pies. Anda sobrado incluso en las celebraciones, con “vacile” al más puro estilo Neymar. Sus éxitos dependerán de la capacidad que tenga para gestionar adecuadamente su fama. Mientras el jugador del PSG se lleva la mayor parte de los elogios, Griezmann representa algo mucho más inaudito en el futbol; la capacidad de temporizar el juego y dirigir a un equipo desde una posición tan avanzada. Sumando a esto un Pogba entonado, una defensa impecable y goleadora y una media de edad de 25 años, Francia se consolida como una selección temible para años.

La sorpresa del campeonato

Más allá de Griezmann y Mbappé, el Mundial de Rusia será recordado por Modric y Rakitic, quienes han formado probablemente el mejor centro del campo del campeonato. Más que loable ha sido la virtud de Zlatko Dalic de saber conectarlos con el fin de sacar el máximo provecho a un equipo cuya expectativa no superaba los cuartos de final. La propuesta balcánica ha acabado por ser la más interesante por su valentía y su capacidad, en muchas fases del partido, de instalarse en campo contrario con criterio y mucha paciencia. Además del medio campo, los croatas han conseguido compensar el resto de las líneas aprovechando el oportunismo de Mandzukic, el desborde de Perisic y la entrega de Vida, entre otros. Tres prórrogas consecutivas amainaron al equipo hasta el punto de llegar a la gran final en un estado físico muy limitado. Sin embargo, cayeron con dignidad y con la misma filosofía del primer encuentro. Sin duda un excelente mensaje de esperanza a la clase media-alta del futbol.

Nuevas generaciones

Brillante Bélgica y resolutiva Inglaterra. Indudablemente, han sido dos de las grandes sensaciones de un Mundial desprovisto de futbol creativo. Al igual que Francia, pueden presumir de juventud y calidad, una gran noticia para este deporte que empieza a encumbrar nombres de presente y futuro como Mbappé, Griezmann, Pavard, De Bruyne, Hazard, Kane, Pickford o Golovin. Jugadores los hay para practicar buen futbol. ¡Y para todos los gustos! Encomiables también las buenas ideas de equipos como Japón, Marruecos o Irán y admirable el coraje de rusos, uruguayos y colombianos. Catar promete.

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