Amor de verano

Julio llega al pueblo con olor a sal marina, pescaíto frito y cerveza fría, como siempre, como cada verano. Éste año, será un Julio diferente. Rondando los veinte; con nuevos sueños. Viene de la ciudad cansado de perder tiempo en cosas importantes y decidido a convetirlas en prescindibles.

Amor de verano. Predispuesto pero no seleccionado. Un amor que pasa, y que pasa por encima tuyo, sin pedir permiso, como pasan las cosas malas. Ya terminó y nadie se acuerda ni de su paso. A Julio le pasó el amor. Demasiada oferta, demasiados tipos.

¿Quién es Julio?

Fiestas con pachanga, orquesta y baile. El amor que viene de fuera, ofreciendo frescura y cosas nuevas, la revelación del pueblo, del año. Ese que viene con un amigo y que acaba cada noche alargando la noche y concentra las miradas del resto. Apunta maneras, quiere hacer cositas, pero al final, casi casi. Como mucho un beso. Quizás la próxima vez. No es belga, vamos.

Tampoco era rumbero, ni especulador, como el típico alma que baila con todas para ver si llega al final. Ni chicha ni limoná. Pasado de kilos pretende tirar de galones. Nada de nada, como siempre. A las dos de la mañana en el primer parón de la orquesta, borracho y para casa. Nada nuevo que ofrecer. Vamos, que porque se comió un buen filete un año, se piense que va a volver a catar de nuevo. Quizá en Qatar, no sé. Una decepción. Tampoco es español.

¿Sabes los típicos históricos del pueblo? ¿Los que no se sabe porqué pero siempre están ahí en el ajo? ¿Los que no hacen nada pero hacen todo? ¿Los que son feos, muy muy feos pero que tienen un algo un no sé qué? ¿Esos que siempre están en el baile liándola hasta el final? ¿Los que no paran de beber y parece que no les afecte nada? ¡Esos! No es inglés ni alemán a pesar de cerrar todos los bares.

Tampoco el guaperas del pueblo, con su ego y sus cositas. Sí, que el tío tiene unos números de espanto, que tiene jugada y se las lleva de calle. Que da rabia y mucha, pero que llegados a según qué momentos de la noche no solo sirve tener un buen físico y talento. Hay que tirar de corazón y un poquito de lo que te envuelve. No sé, supongo que el aura hace un poquito. Bueno, un “muchito”, digo yo. Portugues tampoco.

Solito y bien solito se pasan mal las fiestas de pueblo. Necesitas integrarte. Como marchaste de pequeño ahora la peña de toda la vida es diferente. Te acoge pero tú no formas parte emocionalmente de ella. Encima los colegas están venidos a menos. La vida les ha pasado factura y ya no son lo que habían sido.. Vamos que estás más solo que la una y encima un poquito cansado de todo el año currando por ser el mejor en tu puesto de trabajo. Así las cosas son difíciles, y más si tu jefe te pone a currar mientras el resto está en el baile. Esto, argentino tampoco.

Al fondo de la barra está el buenazo del pueblo. Amigo de todos, trabajador, alegre y honesto. No es el más guapo pero ahí está, un poquito por encima de la media. Podríamos decir que es un diesel. Sirve para las gincanas mañaneras como para las partidas de la tarde, las procesiones o la disco-móvil. Ese de los que sabes que se entregan hasta el final. Los incondicionales. Vamos, un valor seguro. Los que aguantan hasta el final fieles a su manera de hacer, a su tesón. Eso que siempre están a punto. A punto de llegar de ganar. Y todos nos hubiéramos alegrado. Pero no es croata aunque por poquito.

Esta vez, compartió hielo, confidencias y decisiones con su amigo de siempre. Por primera vez lo llevó al pueblo. Atrás quedó la llamada de teléfono o el mensaje de texto. Mejor decidir en el momento, en el (bar), que hacerlo bajo el bálsamo de la presión del instante y el entorno. Porque él sabe cuándo es mejor una retirada a tiempo o cuándo te han hecho una falta a destiempo a las dos de la madrugada desesperado y con la defensa adelantada. Un poquito de juicio siempre viene bien. Ojalá vuelva la próxima vez, aunque solo sea para estar ahí cuando lo necesite.

Los detalles decidieron, como siempre. La mirada, el cortejo, la seducción y el deseo sexual se llevaron el gato al agua. Poco, breve, directo y racionado. La potencia, la belleza y la juventud acabaron decidiendo noche tras noche. Sin aportar nada diferente, pero utilizando bien sus armas. El amor estético y caliente de las noches de fiesta resulta irresistible; al menos esta vez. El juego rápido y directo es capaz de romperte el corazón en tres jugadas o tres bailes. Irresistible caes a sus encantos. Te gana. Te gana aunque sea de paso y no vayas a recordar nunca la manera en que te conquistó, ni la ropa que llevaba, ni lo que te dijo para seducirte.

Jules llega al pueblo con olor a fondue, patê de canard y champagne, como nunca, como cada verano. Éste año, será un Jules diferente. Rondando los veinte; con nuevos sueños.

Viene de la ciudad cansado de perder tiempo en cosas importantes y decidido a convetirlas en prescindibles. Deja el sushi y su cultura para el resto del año porque ahora es tiempo de quedar mundialmente enamorado.

Amor de verano. Predispuesto pero no seleccionado.

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