Metallica y Vivaldi en Kiev: Acto I

Los dos clubes más laureados a nivel internacional de España y Reino Unido se enfrentarán en Kiev por el cetro y el trono continental. A un lado, el vigente campeón que pretende hacer historia y alzar su tercer título consecutivo, algo inédito en la era Champions League, y que sólo el propio Real Madrid (1956-60), Ajax (1971-73) y Bayern de Múnich (1974-76) habían conseguido. En el otro lado, un Liverpool con aires renovados que de la mano de Jürgen Klopp ha vuelto a saborear las mieles del éxito europeo (segunda final europea en tres cursos) tras muchos años alejados de los focos.

El camino hasta aquí ha sido diferente. Los reds se han plantado en la final con cierta suficiencia, a base de obtener cómodos resultados en los partidos de ida y machacar al contraataque a la vuelta para despejar cualquier posibilidad de remontada rival. Por el contrario, el Real Madrid ha tenido un camino mucho más tortuoso, midiéndose al campeón francés, italiano y alemán, padeciendo hasta el último instante. Aquí una primera pista antes de la gran final, el Real Madrid ha sabido lo que es sufrir en la competición, el sufrimiento del Liverpool ha sido más moderado. La respuesta emocional que pueda tener cada equipo a la adversidad parece clara en los blancos, no así en los ingleses.

Los reds

Centrándonos en el juego, podemos decir que el conjunto inglés llega con la lección aprendida. Con la duda de cómo llegará James Milner, las piezas están claras y el plan también. Como decíamos, el equipo sabe, huele y respira a Jürgen Klopp por todos los costados. Son puro heavy metal, priorizando fases de presión extrema, tratando de forzar errores en campo contrario, con fases de repliegue intenso a la espera de cazar una contragolpe a través de sus tres delanteros. Y son estos tres los protagonistas indiscutibles del cuadro de Anfield.

Firmino, Salah y Mané se han juntado para formar un tridente demoledor a partir de una conjunción de características individuales y colectivas muy complementarias. Y en el campo, funcionan como un reloj. Si Salah y Mané son los elementos explosivos y autosuficientes del tridente, Roberto Firmino ha sido la gran clave táctica. El delantero brasileño es el elemento que mezcla entre líneas, lanza apoyos de grandísima calidad y habilita espacios para los delanteros africanos. En ese juego de altas revoluciones que plantea Klopp, un delantero que sea capaz de ejecutar apoyos a tantísima velocidad es oro puro. En este sentido, el Real Madrid lleva tiempo sin enfrentarse a un delantero de estas características, lo cual puede complicar los mecanismos de los centrales y el centro del campo. Sin embargo, nadie mejor que Karim Benzema para explicar a qué estirpe pertenece Firmino, sin lugar a dudas, Zidane no ha podido contar con mejor sparring para la ocasión. Pero si Roberto es la pieza que ordena, Mohamed Salah es el nombre propio, quien da sentido a todo. La transformación que ha sufrido el egipcio en el presente curso ha sido mayúscula, de un jugador que llegaba con algún interrogante a Anfield, a un legítimo aspirante al Balón de Oro. A su endiablada capacidad de conducción y de eliminar pares en las transiciones, el ‘11’ no sólo ha corregido su gran déficit, la capacidad de resolver jugadas, sino que ha ido más allá, ha empezado a resolver partidos con golpes de genialidad al más puro estilo Leo Messi. El tercero, Mané, sea seguramente el talento físico más salvaje, un jugador muy explosivo pero más irregular en sus toques. Un aspecto importante a tratar es el reparto de espacios y mecanismos del tridente. Los tres se juntan para ejecutar apoyos, desmarques y conducciones con la destreza suficiente para ocupar diferentes carriles y alturas. Los extremos africanos son los vértices exteriores, sin embargo no ocupan la línea de cal, sino que están permanentemente pisando los espacios interiores entre lateral y central, salvo en defensa organizada, en la que sí se recolocan en banda para ocupar el espacio.

Si la transición defensa-ataque parece el punto fuerte de los británicos, en ataque organizado al Liverpool le cuesta más generar ventajas a partir del balón. Su escuadra no desborda talentos creativos, y en esos compases Mo ha sido la diferencia en incontables ocasiones fabricando goles absolutamente inverosímiles. En esos compases, el juego del Liverpool se centra en imponer un ritmo alto en su circulación y tatar de provocar el error en el rival.

A nivel defensivo el Liverpool se ha mostrado como un colectivo frágil. La llegada de Virgil van Dijk en el mercado de invierno ha supuesto un salto de calidad considerable en área propia, una zona en la que los reds tenían un agujero mastodóntico tanto en el eje de la zaga, como en los intervalos lateral-central y en área pequeña con unos Mignolet y Loris Karius que han demostrado vulnerabilidad. Aun así, la impresión es que el Liverpool necesita tanteos altos porque queda cierta sensación de que si el equipo rival necesita marcar algún gol, éste va a llegar. Su pareja de centrales está más cómoda en la defensa del área pequeña que administrando grandes espacios, es esos compases sufren más.

Si de algo adolece el Liverpool es de jugadores con capacidad de pausa, de ahí que veamos un equipo algo extremo en su propuesta. Su centro del campo (Henderson, Milner, Wijnaldum) es intenso en la presión y con calidad para dar continuidad a las jugadas, pero tiene problemas cuando de generar ventajas por sí mismo se trata. A nivel táctico es Wijnaldum quién comparece más en campo contrario. El centrocampista neerlandés es activo en la presión y sabe ofrecer altura suficiente a la hora de trazar líneas de pase. Asimismo, es un jugador con capacidad de llegada. Henderson, el capitán, es el jugador clave en el centro del campo red, más sujeto posicionalmente es el encargado de administrar las segundas jugadas, aspecto fundamental en el equipo de Klopp.

Por fuera sus laterales no tienen excesivo peso en el juego, el escocés Robertson es un jugador muy vivo, con capacidad física para realizar esfuerzos prolongados a alta intensidad pero bastante nervioso ofensiva y defensivamente. En el costado derecho, Alexander-Arnold es un jugador más pausado, fluido y con mayor capacidad creativa, aunque más rígido de caderas. Sin embargo, son jugadores con problemas defensivos, especialmente a lo que la defensa del espacio atañe.

Un aspecto en el que el Liverpool ha dado un paso importante en el presente curso ha sido en las acciones a balón parado. La defensa del balón parado ha sido un auténtico problema durante la etapa de Klopp al frente del equipo. Si en el área contraria es un equipo peligroso, en área propia la situación ha sido dramática. El aterrizaje de Van Dijk ha sido un auténtico punto de inflexión, su defensa del espacio aéreo es titánica, pero los ingleses siguen teniendo problemas de orden y concentración en estos momentos.

Los blancos

Si en el Liverpool las cosas están claras, qué versión del Real Madrid nos encontraremos en Kiev es toda una incógnita. Más allá de nombres propios, en la presente temporada hemos visto un Real Madrid de mil caras diferentes. El equipo que se coronó hace un año en Cardiff pronto comenzó a tener problemas en el juego y en los resultados, lo que ha llevado a Zinedine Zidane ha realizar una serie de ajustes. Como analizamos tras la vuelta de cuartos de final, el Real Madrid lleva arrastrando una serie de problemas que el técnico galo no ha terminado de corregir.

El rombo con Isco nunca ha terminado de cuajar en el presente curso. Plan de inicio en los partidos de ida frente a PSG y Juventus, permite a los de Zidane partir con las piezas de mayor calidad con balón, sin embargo esa teórica superioridad no se traducía en un dominio de balón blanco, habida cuenta de la facilidad del equipo rival para saltarse las líneas de presión blanca por los costados, desordenar el centro del campo y atacar con superioridad el carril central.

La primera solución de Zidane fue prescindir de Karim Benzema para añadir un elemento en banda que viniera a paliar los problemas de los blancos para defender los costados. Así, tanto en la vuelta de cuartos de final ante la Juventus, como en la ida de semifinales en Múnich, Gareth Bale y Lucas Vázquez ocuparon la banda derecha con el fin de ajustar en ese costado. El gran peaje que pagó el equipo blanco fue tener a Cristiano Ronaldo, la estrella y jugador a potenciar, completamente desasistido y aislado del resto del equipo. De esta forma, a pesar de añadir un hombre en banda, se perdía otra referencia por detrás de la línea de presión rival, lo que terminaba por favorecer a la misma. Y es que, a pesar de su mala temporada, Karim Benzema es el jugador con el que tácticamente mejor se compenetrar el astro portugués. De este modo, en la vuelta contra el Bayern, el delantero franco argelino volvió a ser de la partida, firmando dos goles que sellaron el pase a la gran final. Sin embargo, el ajuste en ese momento fue la inclusión de Marco Asensio para proteger el costado izquierdo y el desplazamiento de Luka Modric a la banda derecha, dejando a Kroos y Kovacic en la base de la jugada. El ajuste no pudo salir peor, y el Real Madrid firmó seguramente su peor encuentro en Champions League desde su derrota en Wolfsburgo. En ese caso, la voluntad de Kroos y Kovacic por achicar y la falta de presión sobre el lanzador muniqués, Thiago Alcántara, trazaron un encuentro en el que el equipo blanco era absolutamente superado a la espalda de su presión y el Bayern atacaba el área con ventaja numérica.

Así pues, se puede extraer la conclusión de que ninguna solución propuesta por Zinedine Zidane ha funcionado y que todas las variantes que se han probado en Champions League han dejado más sombras que luces. De ahí que a día de hoy nadie tenga claro qué Real Madrid veremos en Kiev. La voluntad inicial del equipo siempre es controlar los partidos a través del balón, pero si el rival se resiste a ceder tal control del esférico, es un equipo que no duda en replegar y defender en campo propio.

El mayor aval de los blancos ha sido el enorme arsenal de talento a su disposición, así como la experiencia y entereza emocional que atesora. En cuanto al talento, poco hay que añadir, hombre por hombre la diferencia de calidad entre ambas plantillas es grande. Zidane partirá con la ventaja de que su banquillo estará repleto de jugadores que pueden cambiar el guion de cualquier encuentro por pura calidad de campo. A nivel de experiencia, la trayectoria blanca es dilatada y los de Chamartín se han visto en innumerables situaciones comprometidas frente a las que siempre han dado la respuesta emocional adecuada. Porque más allá del juego y las piezas, no puede obviarse la experiencia y la jerarquía con la que el Real Madrid afronta cada partido de Copa de Europa.

One Comments

  1. Pingback: Metallica y Vivaldi en Kiev: acto II - La Contracrónica

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *