Au revoir Zizou!

Tras la cosecha de la Decimotercera, Zinedine Zidane decide dejar el Real Madrid contra todo pronóstico, lo que ha sentado como un auténtico jarro de agua fría a sus seguidores y aficionados. Es innegable que lo hace por la puerta grande, habiéndose convertido en una de las figuras más importantes de la historia del club, complementando su excelente historial como jugador con una breve y gloriosa etapa como entrenador; nueve títulos en dos años y medio, incluyendo tres Copas de Europa consecutivas.

Su principal virtud como entrenador venia con su propio nombre. Zidane representa futbol, clase, respeto y un enorme prestigio como futbolista, especialmente en su club, el Real Madrid. Sus propios méritos le ayudaron a ganarse la confianza absoluta de una plantilla cargada de estrellas. Un equipo que recién conseguía la Décima Champions de la mano de Carlo Ancelotti, precisamente el espejo del entrenador francés, una figura más semejante a la de un director que a la de un maestro.

Lo cierto es que dicha virtud la ha sabido manejar mejor que nadie. La prueba es que pocos conflictos se han generado en el seno de la plantilla. El entrenador ha conseguido aportar estabilidad a un club acostumbrado al incendio permanente. El extintor de Zidane sentó de maravilla al Madrid, especialmente a Cristiano Ronaldo, fresco y más goleador que nunca pese a su edad. Si la gestión de los cracks se ha sacado con nota, la de los suplentes no ha sido para menos. El equilibrio en el equipo lo ha permitido el papel de los Lucas, Asensio, Kovacic, etc. Una magnífica compensación que ni el mismo Del Bosque pudo conseguir con sus Zidanes y Pavones.

Los seguidores del Real Madrid no olvidaran la era de los Cristianos y Asensios. No lo harán por las Champions, por los goles del portugués, por la entrega de Sergio Ramos y por el carisma de su querido entrenador. Quizás no lo harán tanto por el futbol. De hecho, que este equipo sea valorado como uno de los mejores equipos de la historia no será precisamente por el fútbol que ha practicado.

La categoría de los jugadores del Madrid es tan alta que se han podido tomar el “lujo” de olvidarse de la Liga para centrarse en la Champions con el pleno convencimiento de conquistarla, bastándose con exhibir oficio de manera puntual. Con lo que Zidane “solamente” se ha ocupado de gestionar los minutos y los ánimos. Y nadie mejor que él. La realidad es que el campeón de Europa es el mismo equipo que cayó eliminado en Copa ante el Leganés y clasificado a diecisiete puntos del líder en la competición regular.

El Real Madrid echará más de menos a Zidane que el propio futbol a él. He aquí el punto flaco del entrenador y, al mismo tiempo, la grandeza de este club. En paralelo al imaginario madridista, quedará en el recuerdo el minuto noventayramos, el penalti de Buffon, los errores de Karius y las ligas y copas desechadas. La suma de estos hechos, entre otros, no da cabida a un juicio puramente futbolístico, sino más bien a una valoración estrictamente estadística y de méritos individuales, totalmente justos en este sentido. Los premios y las galas de la FIFA así lo han certificado.

Con todo esto, Zidane se marcha como un Dios del madridismo, algo totalmente indiscutible. Pese a sus carencias, ha mostrado siempre sabiduría, incluso en el momento de despedirse, transmitiendo la dificultad de seguir sacando frutos de un equipo que, como él mismo dice, necesita un cambio. Sí, el tricampeón de Europa necesita un cambio, increíble pero cierto. Esto es el Real Madrid.

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