Una noche más en Baviera

El mes de abril llega a su fin y con él, como siempre, dejaremos de ver como la lluvia resbala por la ventana con tanta asiduidad. Es algo que, año tras año, independientemente de todo lo demás, acaba pasando. Algo así como lo que viviremos, una vez más, en la eterna gran competición: la Champions League. Dos de los más grandes contingentes, frente a frente, por enésima vez y es que ya casi hemos perdido la cuenta. El actual bicampeón y legítimo heredero viajará hasta las lejanas tierras bávaras para intentar, por tercera vez en cinco años, sofocar el incendio alemán. En la que seguramente sea la peor temporada de Zinedine Zidane a los mandos del conjunto blanco, pero con el objetivo más grande posible, solo al alcance del doce veces campeón. Porque si bien es cierto que historias de amor hay muchas y bien variadas, ninguna ha sido, es, o será, como la del Real Madrid con la Copa de Europa.

Zidane sonreía en rueda de prensa una vez más, como aquel que disfruta sabiéndose vencedor. Ya ha pasado por esto, y mucho, en muy poco tiempo. Sabe lo que es la presión, lo que han logrado en este breve espacio de tiempo, y todo lo que aún pueden lograr. El camino del defensor del título no ha sido nada sencillo hasta llegar a este punto, sino todo lo contrario. El campeón de Francia, el campeón de Italia y, ahora, el actual y vigente campeón de Alemania. Pero, un año más, el escudo de las doce copas brilla con luz propia. En el Parc des Princes se vio el valor de un equipo por encima de cualquier individualidad, y en el Juventus Stadium no les quedó otra que rendirse a los pies de Cristiano Ronaldo. Un Cristiano Ronaldo del que sería injusto hablar, pues dudo llegara a hacerle justicia, al menos en lo que a Europa se refiere. Además, ese peculiar momento en el que casi todo el mundo coincide, esos noventa minutos donde el equipo se ve fuera, ya han pasado. El sufrimiento ante el Dortmund, la vorágine en Wolfsburgo o esa despedida europea del Vicente Calderón. Esta vez fue la Juventus, esta vez tocó en casa, pero, una vez más, no fue capaz de derrotar a este Madrid. Y todos sabemos el peligro del que ha visto los dientes al lobo, y ha salido con vida. Es a raíz de este aviso que parece innegociable la doble banda para el técnico francés, más si cabe tras las actuaciones de Lucas Vázquez en el último mes y medio. El Madrid en Champions parte con una columna vertebral imperial, esa que le ha permitido competir año tras años desde su llegada, y es que Sergio Ramos, Luka Modric y Cristiano Ronaldo son estandartes de la competición, pero en cada edición han necesitado escuderos. En 2014 Ángel Di María fue el principal escudero. Casemiro e Isco se asentaron en 2016, así como Marco Asensio hizo la temporada pasada y, este año, salvo sorpresa, parece que la pieza por la que apostará Zidane será el jugador con el 17 a la espalda. La única duda es si renunciará a la doble punta para mantener a Casemiro, u optará por facilitar a Cristiano la llegada al área por mediación de Karim Benzema. Sea cual sea la opción elegida, el guion parece sencillo de prever. Que Cristiano reciba en posición de peligro, cuanta más ventaja para él de cara a puerta, más cerca el Real Madrid de una nueva final.

Lo del conjunto dirigido por Jupp Heynckes, en contraposición, es una cuestión de honor, de venganza y de grandeza. Campeón en su tierra natal, lleva tiempo sin disfrutar como es debido de lo que Europa es capaz de ofrecer. En el duelo más repetido en la gran competición, en lo que posiblemente sea la lucha más titánica a nivel de entidad que jamás se haya visto en la Copa de Europa, están por detrás. La derrota de la temporada pasada aún pesa, y las ganas por devolver ese golpe siguen latentes como dejó ver, claramente, Arturo Vidal. Y a pesar de la baja del chileno, el Bayern podrá contar con una baza tan o más importante, su técnico, Josef Heynckes. Tras levantar el triplete en aquel romántico 2013, decidió dar por finalizada una etapa. Decidió dar un paso al lado para dejar que el Bayern siguiera compitiendo y ganando, esta vez, a manos de Pep Guardiola. Y sí, siguió ganando, y sí, lo hizo como se debe hacer. Pero si bien las temporadas mediocres pueden ser salvadas por la Champions, la Champions es capaz de desvirtuar grandes temporadas. Y así pasó, tanto con Pep, como en menor medida con Carlo para, cuatro años después, cerrar un círculo que quizás nunca debió comenzar a dibujarse, con Jupp en el banquillo. Un círculo que, casualidades de la vida, cerrará como comenzó, con Robben y Ribery en las bandas del Allianz Arena, pero esta vez muy lejos de ser el principal foco de los de Múnich. Hoy toca destacar dos figuras tan dispares como complementarias en el juego del Bayern que canalizan sus dos fases más representativas: la presión y la creación. Javi Martínez emerge como esa pieza de la que Heynckes nunca se ha olvidado. La que cimentó la solidez de aquel Bayern no tan lejano, y la que construye en estos tiempos que corren una presión tan asfixiante para el rival, como extenuante para el compañero. Eso sí, letal en caso de ejecutarse bien, algo que el bueno de Javi suele conseguir. En la fase de creación aparece un viejo conocido madridista, ese colombiano con el 10 a la espalda que maravilló a todo el mundo en Brasil con su exquisita zurda. Ahora vestido de rojo y en el otro bando, hace las veces de conector y, en ocasiones, de ejecutor. Da igual la zona y la compañía, si James levanta la cabeza, el balón tendrá mucho peligro. Algo que, junto a la ininterrumpida labor de Robert Lewandowski entre centrales, se convierte en un factor determinante en clave Champions.

Al final, y por repetitivo que parezca, tal cantidad de talento puro sobre el césped, tal grandeza de dos de los más grandes clubes de la historia del fútbol, convierten una noche común, en una noche totalmente especial e imprevisible. Una noche de Champions. Una noche más en Baviera. Otra para el recuerdo.

One Comments

  1. @Gravesen @David1989 @Pepe concuerdo con @Gravesen y @Pepe Esta noche veo ms a Casemiro jugando de central que conformando la CMK. Y ms si cabe por la ausencia de Dybala. Casemiro tiene el fsico y la intensidad necesaria para frenar a Mandzukic, tambin en la hiptesis de que lo busquen con envos por alto. Adems, Casemiro en la CMK no es buen pasador, ralentiza en exceso los ataques (su funcin es otra evidentemente). En su lugar pondra a Isco, o incluso a Marcos Llorente/Kovavic/Ceballos (que no entr en la lista de convocados siquiera). cheap custom essays

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