Hasta siempre, capitán

Tras 22 temporadas cargadas de gloria, Andrés Iniesta anuncia su marcha del Barcelona, habiendo conseguido un total de 31 títulos, una auténtica barbaridad. Lo hace dejando claro que su próxima aventura será lejos del viejo continente, con lo que podemos concluir que la élite del futbol se queda sin él. El vacío será eterno, al igual que su futbol.

Sin duda ha sido uno de los mejores jugadores de la era moderna de este deporte, y con permiso de Leo Messi, seguramente el más influyente. Un futbolista que marcó tendencia, especialmente entre los años 2008 y 2012, cuándo se convirtió en pieza imprescindible del ilustre Barça de Guardiola, para muchos el mejor equipo de la historia, y estandarte de la selección española que se alzó con la Copa del Mundo.

Me pregunto qué más se puede decir de Iniesta que no se haya dicho aún… difícil tarea. Lo cierto es que, más allá de su reconocida actitud intachable, su nobleza y su buen carácter, Iniesta ha sido claramente pionero de una nueva manera de jugar a la pelota. Tocado por la magnífica varita de Pep Guardiola, entendió que al futbol se puede jugar muy fácil si uno sabe usar la cabeza.

El ingenio con el que ha manejado su enorme talento lo coloca como uno de los mejores productos de la escuela cruyffista. No es exagerado afirmar que Iniesta representa la prolongación de un estilo gestado en 1988. La realidad es que se ha bastado con su inteligencia para ser un absoluto triunfador del futbol pese a no poder presumir de un físico potente, ni de una velocidad destacable.

Su éxito nunca necesitó del gol, mientras sacaba matrícula de honor en tareas como pensar antes de recibir el balón, dar el número de toques justo y necesario, combinar al primer toque, deshacerse de un rival con un simple gesto de cintura o dejar solo a un compañero con un pase entre líneas. Entre otras muchas, Iniesta repetía esa clase de acciones en todos los partidos, algo a lo que nos dejó acostumbrados.

Aunque su carrera deportiva la hayan marcado precisamente dos goles, Stamford Bridge y Johannesburgo, nunca fue un gran goleador. De hecho, el chute ha sido siempre su asignatura pendiente. De haberlo tenido, podría haberse convertido en algo semejante a Leo Messi. Su conexión en el campo con el argentino sólo podía generar una auténtica explosión de futbol. Ambos son autores de infinidad de jugadas memorables que, casi siempre, Leo acababa finalizando. Que estos dos futbolistas hayan coincidido en tiempo y lugar ha sido una de las grandes noticias para los aficionados al futbol, sino la mejor.

Su trayectoria en el Barcelona debería estudiarse como lección obligatoria en todas las academias de futbol del mundo, especialmente en La Masía, dónde hace tiempo que los dirigentes azulgranas se han olvidado de poner los ingredientes necesarios para crear más Iniestas para el futuro.

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