Desastre inesperado

En el mismo escenario donde en 2009 el Barcelona consiguió elevar el futbol a su máximo esplendor, ayer sucumbió ante una Roma poderosísima, cayendo eliminado en los cuartos de final de la Champions League contra todo pronóstico. El conjunto de Valverde ofreció una pobre e irreconocible imagen, entregándose a una remontada que parecía imposible. Ni siquiera los aficionados italianos podían imaginarse semejante desenlace. ¿Sorpresa? Si. ¿Injusticia? No.

En cuanto a la capacidad ofensiva de los italianos, éstos ya dieron alguna pista en el Camp Nou. Nada inquietante, hasta ayer. La persistencia de la Roma hizo desaparecer por completo al Barcelona. Desde el inicio del partido fue más que visible la tremenda preparación táctica y mental del conjunto de Di Francesco, que fue superior en todas las facetas del juego, alcanzando así su máximo nivel. Encontraron el método perfecto para atacar; a través del juego aéreo y la profundidad, y casi ni tuvieron que preocuparse de la defensa.

Si la Roma presentó su mejor versión, la del Barça fue seguramente la peor de las peores. Resulta francamente difícil encontrar algún aspecto positivo del partido del Barcelona en el Olímpico de Roma más allá de las intervenciones salvadoras de Ter Stegen, lo que ya es un clásico. El equipo se equivocó tanto en el planteamiento como en la ejecución de éste. Además, la mayoría de las actuaciones individuales decepcionaron.

Por un lado, está el prudente planteamiento de Ernesto Valverde, que puede ser criticable, cuestionable, excesivo e incluso se puede tachar de contracultural en un club como el Barcelona. Pero este conservadurismo ha estado presente durante toda la temporada, así se ha visto en las alineaciones. No obstante, los resultados se habían sacado adelante hasta la fecha. Ernesto jugó con fuego y finalmente se quemó. Pecó de cobarde pudiendo apostar por un guion ofensivo, quizás con Dembélé.

Por otro lado, están los jugadores, quienes no respondieron a dicho planteamiento que tantas veces han sabido resolver esta temporada. La prueba de ello son los partidos de Stamford Bridge, el Wanda Metropolitano, el Juventus Stadium o la primera parte en el Santiago Bernabéu. En muchas de estas ocasiones, determinados jugadores fueron decisivos en apariciones aisladas, como Messi o Iniesta, y otros lo fueron cogiendo las riendas del equipo; Busquets, Umtiti, Piqué… Esta vez, en Roma, ni hubo líderes ni hubo decisivos. El papel de Iniesta fue contraproducente, Messi no conectó y Busquets y los centrales no parecieron estar en su mejor forma física. La iluminación de los genios no llegó y la Roma destapó los males que el Barça llevaba tiempo guardando discretamente.

En cuanto a la figura de Valverde, sería de una enorme irresponsabilidad cargar en él toda la culpa de la eliminación. Rescató a un Barça sin método, sin futbol y sin Neymar y lo tiene a un paso de conseguir la Liga y la Copa del Rey. Aunque sí permítanme que le ponga en duda. Personalmente, apostaría a que el entrenador aprenderá de los errores de Roma, pero no lo sabremos hasta la próxima temporada. Lo que sí sabemos es que la sensación general de esta campaña nos deja un Barça que parece más una evolución, a mejor, del de Luis Enrique que no una involución del de Guardiola. Lo cual debería mantener el optimismo.

No es una cuestión de fe, puesto que se han constatado mejoras desde que Valverde tomó el mando. El Barcelona es un club de proyectos y no de temporadas. Por extraño que pueda parecer, el equipo está aún en construcción, y lo hace con la Liga y la Copa en el saco.

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