Grandeur

La empresa se complicó cuando Kroos, Marcelo y Modric, tres de sus futbolistas más influyentes, caían lesionados y su concurso en la batalla del Parque de los Príncipes quedaba en entredicho. El genial lateral brasileño se recuperó a tiempo, no así el ‘8’ y el ‘10’. Ante estas bajas, la reacción de Zinedine Zidane en las semanas anteriores no fue dar continuidad al modelo con los perfiles más parecidos a croata y alemán. sino que debió interpretar que sin los centrocampistas rubios no hay modelo de juego que valga, porque ellos son el modelo de juego. Y así, el técnico galo optó por un camino radicalmente opuesto; al control del balón le sustituyeron planteamientos marcados por la presencia de mediocentros poderosos en la presión y la corrección, y jugadores con capacidad de recorrido en la banda.

Su condición de local y la necesidad de remontar dos goles de desventaja le obligaba a llevar la dirección del encuentro.

De este modo, del centro del campo que se coronó en Cardiff, sólo Carlos Henrique Casemiro fue de la partida, escoltado por Mateo Kovacic y unas bandas ocupadas Marco Asensio y Lucas Vázquez. La principal novedad de los azules era la baja de su estrella, Neymar Jr., cuyo lugar ocupó Di María, y la vuelta al once de su mariscal, Thiago Motta.

La pelota estaba en el tejado del PSG, su condición de local y la necesidad de remontar dos goles de desventaja le obligaba a llevar la dirección del encuentro A diferencia del curso pasado en el que el equipo de Zidane toleraba el inicio fulgurante de su adversario, a sabiendas de que el enorme desgaste inicial pesaría una vez hiciera valer la superioridad de sus piezas, optó por un plan que pretendía evitar que el conjunto parisino generase un contexto de remontada. La ausencia de centrocampistas de dirección y control en el cuadro blanco dibujó un escenario en el que alternaba presiones muy agresivas en campo contrario, para dificultar la irregular salida de balón de los de Emery, con rápidos repliegues a través de la velocidad de sus piezas. El reverso del plan de Zidane era cierta ausencia de control o pausa, el equipo encontraba problemas para juntarse con el balón y las jugadas no eran del todo limpias. Cristiano Ronaldo y Karim Benzema ofrecía buenos movimientos de apoyo y ruptura, pero Asensio y Lucas andaban algo precipitados y les costaba despegarse de la cal. Por parte de los locales, vimos un equipo que controlaba el balón, pero con demasiada horizontalidad y sin ritmo; la medular formada por Thiago Motta, Verratti y Rabiot se juntaba en pocos metros, muy cerca entre ellos y muy lejos de los delanteros. Así, le bastaba al Real Madrid replegar rápido en transición para formar dos líneas de cuatro que constituían una auténtica muralla para la circulación francesa. Por contra, el Real Madrid encontraba muchas facilidades para transitar y plantarse con suma facilidad en el borde del área del cuadro de Emery, aunque le faltó un punto de inspiración y coordinación para traducirlo en ocasiones.  No obstante. el lado débil de la defensa blanca estaba detectado, a Marcelo se le veía corto de ritmo y a su espalda Mbappé y Di María encontraban un espacio por el que colarse. A ello cabe unir las incorporaciones de Alves por el carril central, como casi únicos argumentos que encontraron los anfitriones. Pero en esas emergió la imperial figura de Sergio Ramos para sellar el intervalo que le separaba de Marcelo. A la actuación defensiva del de Camas se le juntó otra de su compañero Varane, para cerrar los pasillos laterales y un Carlos Henrique Casemiro que tiranizó la frontal del área, bloqueó cualquier incursión por el carril central y se hizo amo y señor de las segundas jugadas. De este modo, los visitantes desbarataron cualquier opción de que el PSG pudiese activar un ambiente de remontada.  Las estrellas del vigente campeón mostraron la calidad y la personalidad para sacar adelante el plan de juego que había propuesto su entrenador.

El gol blanco fue una losa para un PSG que había visto cortocircuitado su asalto.

Al segundo acto saltó el PSG con un punto mayor de agresividad, pero el crono corría en su contra y para cuando activaron este plan, el Real Madrid estaba demasiado entero emocionalmente como para ser arrastrado a cualquier atisbo de trampa. La novedad del segundo tiempo por parte blanca fue un Karim Benzema más suelto entre líneas que constituyó el verdadero eje ordenador de su equipo en ataque. Avisó Cristiano Ronaldo tras centro de Marcelo, e inmediatamente después, en una transición tras pérdida generada y conducida por Asensio, combinó con un Lucas que abandonó la línea de cal diestra para sacar un centro que el portugués atacó en el segundo palo con la calidad y precisión de alguien que se ha erigido en el gran dominador del área en la Champions League. El gol blanco fue una losa para un PSG que había visto cortocircuitado su asalto, y que instantes después vería como se quedaba con un hombre menos tras la expulsión de Verratti para dejar finiquitadas sus opciones y rubricar el pase blanco.

El PSG se enfrenta ahora al varapalo de ser eliminado en el torneo en el que tenían depositadas grandes esperanzas. A nivel táctico han demostrado ser un equipo lejos de los estándares que suele requerir la máxima competición europea pero ,quizás, lo más preocupante siga siendo los problemas de jerarquía y entereza que siguen demostrando; al mínimo revés tienden a desplomarse. El trabajo de Unai Emery sólo puede calificarse como deficitario, su equipo nunca ha tenido una identidad más allá de la que le dan sus grandes jugadores, y rebosa de problemas en casi todas las facetas del juego. Por contra, el Real Madrid es todo lo contrario, es un equipo que rebosa confianza en las noches europeas, que entiende a la perfección cómo se desarrollan este tipo de eliminatorias y que siempre está entero, aguardando su momento. A diferencia de Emery, Zidane sale muy reforzado a nivel interno y externo. Su dirección de campo fue un factor clave en la ida, y en la vuelta se adaptó a las nuevas circunstancias del equipo para gestar un plan de juego ad hoc. En el ámbito interno el mensaje que manda es potente, actores secundarios como Marco Asensio, Lucas Vázquez o Mateo Kovacic han jugado el partido más importante de lo que va de curso por delante de jugadores de mayor jerarquía como Isco Alarcón o Gareth Bale. La consigna es clara, todos son importantes, y en cualquier instante puede llegar tu momento.

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