Karim Benzema: Año 9

Hace más de una década surgía una hornada de delanteros formada por Kun Agüero, Karim Benzema y Alexandre Pato que prometía dar mucho que hablar en el concierto internacional. Todos ellos estaban provistos de una sensibilidad especial con el balón, así como de unas condiciones atléticas idóneas para el juego por la que estaban llamados a ser el prototipo de delantero que poblaría el fútbol en los años venideros.

Menos directo que sus compañeros de generación, Karim Benzema pronto se convirtió en un delantero que desarrolló una estrecha relación con el juego, la precisión y velocidad con la que ejecutaba sus toques que mejoraban las jugadas y daban ventaja a los compañeros. Sin embargo, el crecimiento y ascendencia que tenía sobre el juego no lo hacía de la misma manera en su relación con la portería. Su forma de jugar le llevaba a abandonar posiciones de remate, siendo los compañeros de los costados o de la segunda línea quienes terminaban por ocupar esos intervalos que el abandonaba. No obstante, dada su excelsa calidad, conseguía un promedio de 25 goles por curso (todas las competiciones) que, aun estando lejos de los principales goleadores del panorama europeo, se consideraban como cifras respetables.

Pero los dos últimos cursos han abierto una brecha importante en el rendimiento del francés que han terminado por avivar el debate.

Confianza

La primera lectura que hace uno de la situación del francés es que atraviesa un momento muy bajo de confianza del que todavía no ha salido. Cada situación de remate claro ante la que debe enfrentarse se convierte en una auténtica tortura psicológica que da pie a innumerables ocasiones de gol falladas.

Como la confianza es un aspecto emocional que es difícil de medir o evaluar, convendría acercarse a datos objetivos que puedan arrojar luz sobre el asunto. En el presente curso (17/18), según datos de understat, el ‘9’ madridista promedia 0.62 xG (expected goals-goles esperados) cada 90 minutos, mientras que sólo convierte 0.25, dando lugar a un ratio de conversión goles/xG de 40%. En el curso pasado (16/17), el francés promediaba 0.63 xG (prácticamente la misma cantidad que en 2018), con 0.51 goles por 90 minutos, resultando en una conversión del 80%. Dentro de esta mala racha, se ha ido produciendo un descenso en el rendimiento, y el cómputo global de los dos cursos daría que el porcentaje de acierto del francés es del 63%.

Estos datos adquieren relevancia si se comparan con temporadas anteriores. Entre las temporadas 14/15 y 15/16 el delantero promedio 0.69 xG por 90 minutos, convirtiendo 0.81 goles en ese intervalo, dando lugar a un ratio de conversión del 117%. Es decir, Benzema convertía muy por encima de lo esperado. Por así decirlo, el francés hacía valer la expresión “calidad mejor que cantidad”, si bien el volumen de goles esperados no era excesivamente alto, su nivel de precisión era muy elevado.

Cuando se produce un descenso tan claro en la materialización de ocasiones manifiestas de gol (prácticamente un 50%), es difícil pensar que se deba a cambios extraordinarios en el juego del futbolista, siendo más coherente entenderlo desde una perspectiva emocional y una larga crisis de confianza cada vez que el jugador asume situaciones de “gol o gol”.

Benzema para Zidane – Zidane para Benzema

La confianza de su técnico parece infinita, cuando su rendimiento ha sido más bajo y su titularidad podía estar más discutida, siempre ha sido de la partida. Para el técnico del Real Madrid, Benzema entra de lleno en el concepto de jugador-sistema, más allá de su calidad y de su propio rendimiento, su concurso es capital para el entrenador marsellés. Debe ponderar que todo aquello que le da (principalmente a nivel de juego, pues así lo ha declarado en innumerables ocasiones) compensa todo aquello que no le ofrece.

La figura de Karim Benzema no puede separarse de la de Cristiano Ronaldo. A la sombra del astro portugúes emergió Karim como el escudero perfecto. Los apoyos de Karim Benzema entre líneas y tres cuartos para acelerar la jugada, así como sus movimientos dentro-fuera y desmarques circulares, casan como un guante con el fútbol del luso. Partiendo del intervalo lateral-central, el ‘7’ blanco ha forjada su leyenda a través de diagonales largas mediante las cuales atacaba un primer palo que el ‘9’ tenía a bien abandonar.

Ocurre que Ronaldo no es infinito y, aun siendo un fenómeno de la naturaleza, los años no pasan en balde. La cantidad de metros y espacios que el de Madeira podía abarcar y atacar se ha reducido, y el ‘9’ que siempre ha necesitado compañeros que le estirasen ha visto como cada vez las permutas con el ‘7’ son menores y el reparto de espacios, más conflictivo.

A ello, debe sumarse los constantes problemas físicos de Gareth Bale, que suponen la pérdida del futbolista con mayor capacidad de conducir las transiciones merengues, así como uno de los principales focos de desequilibrio. El equipo ha perdido capacidad individual a la contra, y en los escenarios en los que el Real Madrid opta por replegar, a sus delanteros les cuesta estirar el equipo por sí mismos y la falta de capacidad de desequilibrio dificulta la tarea de girar las defensas.

Por otra parte, bajo el mando de Zidane se ha visto un Real Madrid que ha ido variando su estilo de juego muy a menudo, un equipo que ha adoptados estructuras y patrones diferentes a lo largo del tiempo. Seguramente, donde se ha visto más continuidad en el juego del francés ha sido cuando el equipo fijaba gente por fuera, ya fuera en 4-3-3, 4-4-2 o 4-2-4, en los que se le asigna la gestión del intervalo de los centrales rivales, y en los que adquiere mayor peso administrando el espacio entre el mediocampo y la zaga del rival. Por contra, aún con estructuras abiertas, si el equipo ha optado por situaciones claras de centro lateral, la figura del francés se diluye bastante, pues tiene problemas para habilitarse e imponerse a los centrales, siendo jugadores como Ronaldo, Bale o anteriormente Morata quienes gozaban de mayor ascendencia en esas lides. Cuando el equipo opta por el rombo de centrocampistas, suele generarse una sobrepoblación del carril del central que el franco-argelino no digiere bien, su distancia respecto a los medios acrece y se ve obligado a abarcar unos espacios (en horizontal y vertical) para los que no está preparado.

La Champions League

Una de las constantes percepciones a lo largo de la carrera de Benzema ha sido su diferencia de rendimiento entre la competición doméstica y la Champions League. La regularidad que ha demostrado (más en juego que en goles) en la máxima competición continental dista de su haber en el día a día. Contrasta con el buen desempeño que otros delanteros como Gonzalo Higuaín o Álvaro Morata han mostrado en la liga española.

La explicación probable puede radicar en el particular temperamento del delantero. Benzema entra de lleno en la categoría de jugador frío, sus pulsaciones no parecen nunca dispararse, ello provoca que cuando los niveles de tensión son más altos, los nervios propios de la Champions League no parecen afectarle. Sin embargo, los fines de semana pueden catalogarse de fríos, y ahí un plus de intensidad-agresividad puede aportar efectos muy positivos. No parece casual, que los dos últimos campeonatos ligueros del Real Madrid hayan tenido una contribución importante de otros delanteros con unas características diferentes a las del ex del O. Lyon, más enfocados al remate, con movimientos más agresivos y profundos y mayor juego de cara al arco. Sensu contrario puede afirmarse que el concurso de Benzema en la trayectoria del Real Madrid en el torneo europeo ha sido de gran importancia en el buen hacer de los de Chamartín en el último lustro.

El ‘9’

Karim Benzema juega de delantero centro. Su radio de partida y acción tiene lugar en el centro de la defensa rival, sin perjuicio de que su movilidad le lleve a pisar muchas otras zonas del campo, asimismo, su juego se desarrolla principalmente de espaldas al arco rival, pivotando en la combinación, lanzamiento y apoyos. Sin embargo, la figura del ‘9’ históricamente está asociada con la capacidad rematadora/goleadora, aspecto en el que Benzema no destaca espacialmente y rol que en su equipo protagoniza Cristiano Ronaldo, cuyo radio de acción es el propio del ‘11’ o el ‘10’ según el partido o circunstancias.

El gran problema con el que se está topando la escuadra de Concha Espina es la de encontrar referencias goleadoras sólidas que puedan suplir y complementar al de Madeira, que se ha erigido como la única referencia individual con capacidad de devorar la red y cuyas ausencias o malos rendimientos hacen que el equipo tirite para encontrar el gol.

Michael Lombardi, ex ejecutivo de varias franquicias NFL, expresa en Gridiron Genius: A Master Class in Winning Championships and Building Dynasties in the NFL que lo último que deseas cuando construyes un equipo es adquirir un reloj de lujo y seguir consultando la hora en el teléfono móvil. Con Benzema, da la sensación de que el Real Madrid se encuentra en una encrucijada similar. ¿Jugador crucial o lujo excesivo? El francés, a medida que pasa el tiempo, cada vez va mostrándose más inofensivo de cara a puerta, lo que termina por desesperar a propios y extraños. En un equipo que, si bien tiene muchos caminos hacia el gol, no encuentra atajos hacia el marcador, la figura de un ‘9’ que no castiga pesa sobre el equipo. Mientras tanto, su impacto en el juego cada vez está menguando a medida que el peso armador del juego blanco está protagonizado por la poderosísima batería de centrocampistas y enganches merengues. Su idoneidad, en un Real Madrid marcado por el control del juego de sus mediocampistas, con peso del pasillo exterior para el centro lateral y un Cristiano Ronaldo sin la exuberancia de antaño está en entredicho.

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