Diversidad lingüística: ¿riqueza, reto o adversidad?

Hoy en día, las diez principales lenguas del mundo engloban, aproximadamente, la mitad de la población mundial. ¿Es posible preservar la diversidad de idiomas, o estamos en camino de convertirnos en una especie monolingüe? Aunque en la población de hoy en día existe una especie de xenofobia lingüística causada por el miedo a lo desconocido, está en el orden del día, la idea de conservar todas las lenguas por su importancia cultural y su herencia sociohistórica. De hecho, la Unión Europea se puede considerar la cuna del camino hacia la diversidad cultural. Actualmente, somos alrededor de 500 millones de ciudadanos, 28 Estados miembros, tres alfabetos diferentes y 24 lenguas oficiales. Pero también forman parte de nuestro patrimonio otras 60 lenguas habladas en determinadas regiones o por determinadas poblaciones. Se estipula que al menos 175 nacionalidades conviven en la UE. La diversidad lingüística está consagrada en el artículo 22 de la Carta de Derechos Fundamentales de la UE. Así pues, la conservación de las lenguas es lucha política. El primer peldaño que hay que construir es un marco político, administrativo y cultural que apoye a los hablantes en sus territorios, ya que ninguna lengua puede existir si no es transmitida por una comunidad de hablantes. Las lenguas son realidades vivas que necesitan, para reproducirse, que las sociedades las utilicen. Para que la supervivencia de una lengua esté razonablemente garantizada es necesario que exista, en el presente y en el futuro, un pueblo que la use de manera natural y continuada. La situación varía mucho de un país a otro: la lengua vasca en España se apoya en soportes políticos fuertes; en otros lugares, está todo por hacer. Las situaciones son muy diversas, pero el enfoque debe ser global.

Uno de los problemas de la conservación de las lenguas es la globalización. Una consecuencia muy clara del proceso de globalización es que pone en contacto a muchas personas que hablan lenguas distintas. Para que la comunicación sea posible es necesario que las personas tengan una lengua común que les sirva de medio de comunicación. Estados Unidos y el conjunto de países de lengua inglesa constituyen la mayor concentración de poder económico en el mundo. En esos países, se producen la mayoría de innovaciones científicas y técnicas que hacen posible la globalización. Así pues, emergió el inglés como la lengua de la globalización.

Otro problema en cuanto a la conservación de las lenguas son las políticas de restricción. Un ejemplo han sido las persecuciones lingüística llevadas a cabo a lo largo de la historia: la persecución del catalán durante el franquismo, la persecución del esperanto por la Alemania nazi, etc. Precisamente uno de los pasos a seguir para conservar una lengua es el fomento y desarrollo de una política educativa así como el de una política lingüística nacional.

Por último, otro de los problemas de las lenguas que están en peligro de extinción es la dificultad, que presentan algunas, por ser documentadas. Los lingüistas están luchando para documentar y archivar la diversidad de lenguas que están desapareciendo rápidamente. Sus esfuerzos incluyen hacer diccionarios, registrar historias y tradiciones, y traducir las historias orales. La  documentación  de  una  lengua  en  esas  circunstancias  es  importante  por  varias  razones:  1)  porque  enriquece  el  capital  intelectual de la humanidad, 2) porque presenta una perspectiva cultural que puede ser nueva para nuestro conocimiento actual, y 3) porque el proceso de documentación a menudo ayuda al hablante de la lengua a reactivar su saber lingüístico y cultural.  Todo ello además de suponer un gasto económico, se complica porque muchas de estas lenguas son únicamente habladas o existen pocos documentos sobre ellas.

Personalmente, considero que la diversidad lingüística equivale a riqueza no sólo desde el punto de la vista de la lingüística como ciencia, sino desde el punto de vista cultural, sociológico, histórico y antropológico. Uno de los aspectos más polémicos es el de la convivencia entre los habitantes de una comunidad que emplean más de una lengua. Ahora bien, la polémica aparece cuando la convivencia queda reducida a intentar imponer una lengua por encima de las otras. Pero entonces ya no se habla de convivencia, sino de obligación y limitación. Imponer no es convivir. Ante quienes manifiestan que la pluralidad lingüística entre los habitantes de un país es un obstáculo para su integración, debe responderse que existen diversas formas que hacen posible la comunicación y colaboración entre quienes hablan idiomas diferentes. Ejemplo de mutua comprensión lo ofrece Suiza. Muchos de los ciudadanos suizos hablan más de una de las cuatro lenguas nacionales (alemán, francés, italiano y romanche). Conocer más de un idioma es riqueza invaluable. Puede decirse que da mayor agilidad al pensamiento que aprende a educarse de diversas formas a través de sistemas fonéticos distintos, con léxicos y estructuras lingüísticas diferentes. El léxico de una lengua constituye el inventario de una cultura. La riqueza de la diversidad lingüística radica en el contraste y el cambio. Un ejemplo práctico en este sentido es el papel de los préstamos lingüísticos. Los préstamos lingüísticos nos permiten adoptar diversas lenguas y a aprender y entender aspectos propios de las lenguas y culturas que nos rodean.

Ahora bien, el trabajo por y para la diversidad lingüística también plantea retos diversos que la ciudadanía debe estar dispuesta a asumir. Por un lado, procurar un cambio de actitudes hacia la diversidad lingüística y hacia el multilingüismo. Por otro lado, aprender a valorar la diversidad en la práctica cotidiana y en la práctica educativa. Enfrentarnos a ellos nos aboca a la idea de participar activamente en el cambio de actitudes, en la obertura mental que necesitamos para cambiar el curso de las cosas. Esto, en el terreno práctico, implica dejar entrar el multilingüismo en el mundo escolar, por ejemplo. Hacer frente a este reto conlleva tanto un compromiso social como un compromiso profesional. El compromiso social está relacionado con el concepto de convivencia y aprender a solventar posibles situaciones conflictivas y malentendidos interculturales. Para ello, hay que dejar a un lado los estereotipos que desgraciadamente siguen siendo el pan de cada día de las relaciones interculturales actuales. Según el Consejo Europeo, la mediación comprende actividades en las cuales se actúa de intermediario entre interlocutores que no pueden entenderse mutuamente. La mediación reúne, por ejemplo, tareas de traducción y interpretación para hacer posible la comunidad entre ciudadanos que hablen lenguas diferentes.

El mundo se enfrenta a nuevos desafíos para conservar sus lenguas. Es hora de  que  todos pongamos  en  común  nuestros  recursos  y  saquemos  partido  a nuestra  diversidad  lingüística  y  cultural.  Esto  significa  unir  recursos  a  todos  los  niveles. Creo que todos  compartimos  la  responsabilidad  de  asegurar  que  nuestras  lenguas  se  mantengan  y  se  perpetúen en las generaciones futuras.

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