Y hasta aquí hemos llegado

Otra vez la misma historia. O, al menos, los mismos resultados. En esencia, las elecciones del 21 de diciembre han servido para poco más que reorientar algunos escaños, pero en cuanto a bloques se refiere, apenas se vislumbran diferencias significativas entre 2015 y hoy. Más allá de la evidente victoria de Ciutadans, más abultada ante sus competidores de bloque que ante sus rivales con aspiraciones a gobernar Cataluña, los resultados, sin contexto, nos dicen poco. Pero que se repitan después de lo sucedido desde el pasado 27 de septiembre de 2015 guarda varios mensajes:

  1. El independentismo crece en número pero no en porcentaje. Estas elecciones no eran ningún plebiscito, como sí se pretendió en 2015, pero difícilmente algún independentista se habrá quedado en casa estas elecciones. En número, a corto plazo, crecer parece improbable.
  2. Si el independentismo ha llegado a su techo en unas elecciones autonómicas, la otra parte también lo ha hecho. Un 82% de participación lo certifica: ante esta cifra, quien no fuera a votar el pasado jueves ya no lo hará. Ese dato jamás será superado, es el límite de voto que tiene Cataluña con la distribución social y demográfica actual. Técnicamente, mitad para cada uno y ganaría el “constitucionalismo” a los puntos.
  3. Este resultado no avala ninguna acción unilateral porque hay un 52% de Cataluña que no tiene la independencia como primera opción en su lista de prioridades. No es un referéndum, pero no puedes actuar cuando más de la mitad no te han dado su voto para ello.
  4. Que Ciutadans sea el ganador no les va a llevar a gobernar en Cataluña, porque no suman, es matemáticamente improbable, pero sí les da un discurso que si ya usaban, ahora les respaldan unos resultados. Se confirma que el Procés les alimenta, veremos qué pasa con ellos cuando acabe.
  5. La estrategia de Puigdemont ha dejado igual al lado independentista: votos, escaños y porcentajes parecidos. Pero ha servido para darle, una vez más, una vida al PdCat (oCDC… o JxCat). La campaña en el exilio ha podido con la “ausencia” de ella desde prisión de Junqueras.
  6. Si los resultados no dan al independentismo para tirar hacia adelante la República, el 155 debe acabar hoy mismo. 78 diputados y un 55% de los votos les dan la razón. Más cuando su gran valedor es el último en todo y no tiene ni grupo propio en el Parlamento.
  7. Con la abultada derrota del PP, es más insostenible que nunca el encaje actual de Cataluña en España. Un partido con presencia residual en el 20% de la economía española no puede ser un muro a la hora de negociar.

Evidentemente, hay más, pero a grandes rasgos podríamos decir que es de lo más destacado. Conclusión: parece que el Procés tiene que entrar sí o sí en pausa indefinida a la espera que el otro bando (y ellos mismos) haga pasos hacia propuestas que les dé motivos para mantener esa pausa.

One Comments

  1. Reply Post By Josep Balletbò

    Molt bona anàlisi, que comparteixo.

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