La presión y Messi en campo rival

Fue la tercera vez en otros tantos partidos oficiales que Valverde decidió modificar el sistema de 4-3-3 que tanto había caracterizado al Barça en los últimos años. Sin embargo, esta vez, el ‘txingurri’ no dibujó un esquema evidente, sino que asignó funciones a sus piezas de tal manera que escenificar lo que fue el Barça ante el Betis en números resulta complejo. Si bien los centrales y los laterales tuvieron un rol similar al observado en la Supercopa, esta vez el interior diestro (Rakitic) se acercó más a Busquets, mientras que el izquierdo (Roberto) lo hizo más a un Messi que volvió a ese falso nueve que tan olvidado había quedado. Ambas piezas hacían indescifrable un esquema que contaba con Alcácer y Deulofeu como extremos interiorizados, a veces tanto que parecían formar una doble punta. Así pues, obviando el baile de cifras atribuible al dibujo, el Barça sí encontró a través de la libreta de su técnico soluciones a fases que otrora se habían visto perjudicadas.

Si en algo reforzó la distribución de los jugadores fue la presión. Ante un Betis inmaduro, el Barça fue capaz de recuperar el balón (o provocar la perdida) en 22 ocasiones en campo rival. Para ello, imprescindible fue la labor de Sergi Roberto efectuando la primera presión sobre la salida del central, así como el papel de un Busquets que se volvió a demostrar imprescindible cuando el contexto le sitúa en campo rival y no en propio. Fruto de ello fue que casi el 65% de lo sucedido a lo largo del encuentro se dio en campo rival, así como un 31% de pases en el último tercio, el más cercano al área de Adán.

Por momentos, al equipo de Valverde le costó encontrar líneas de pase interiores en estático, pero cuando se dieron sirvieron a Leo Messi para no tener que ejercer, también, de organizador. Y es que cuando Busquets, Rakitc y Sergi Roberto conectaron con Leo, el argentino vivió en la zona de tres cuartos rival. Aun sin organizador, Valverde fue capaz de crear un contexto en el que Messi no tuviera que ejercer como tal, y fe de ello da su mapa de calor, que le sitúa en campo contrario en (casi) todo momento. El resultado es claro: diez disparos y diez regates de Leo Messi. Solo la madera impidió que el argentino se fuera con el premio del gol.

Mapa de calor de Leo Messi ante el Real Betis.

Sin Piqué, con Rakitic lejano a la salida y consciente Setién de las todavía debilidades que presentaba su rival en la salida de balón la tarde se antojaba perfecta para una presión elevada del Betis. Si bien quiso, apenas pudo. Y cuando sí, tampoco funcionó. Cuatro pérdidas de balón blaugrana en campo propio que tampoco significaron una amenaza seria para un ter Stegen al que Mascherano y su equipo impidieron intervenir.

Después de la Supercopa de España, el encuentro ante el Betis fue una buena noticia para un Barça necesitado. A la espera de refuerzos, Valverde actuó con lo que tenía y la pizarra le sirvió.

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