El primero de Valverde

Un partido de pretemporada está tan alejado de uno oficial que hasta podríamos debatir si realmente se trata del mismo deporte. Y si además es el primero, con un entrenador nuevo y sin saber si la plantilla está cerrada, definitivamente no es extrapolable a nada. El hecho de que resulte imposible extraer conclusiones, sin embargo, no evita que sí podamos estar atentos, quizá más que nunca, de las primeras ideas del entrenador. Pues en un partido amistoso, a 22 de julio, los equipos no se plantean batir al rival, ni en el marcador ni en el campo, sino intentar descubrir qué serán ellos mismos en los próximos meses. Así pues, el primer partido de Ernesto Valverde con el FC Barcelona fue un entrenamiento. Una simulación de la competición en la que el vasco quiso que su equipo empezara a coger forma, pero sin alejarse demasiado de la que habían abandonado tras la final de la Copa del Rey.

El Barça se plantó ante la Juventus con la idea de ejecutar con tanta frecuencia como fuera posible ciertas fases que de un tiempo a esta parte habían quedado obsoletas. Empezando por la salida del balón y terminando con la presión tras pérdida que ha definido tanto al entrenador como al estilo del club durante muchos años. Pero más allá de los escasos cuatro balones que el FC Barcelona perdió en campo propio en la primera mitad ante una Juventus que apenas presionó, las “novedades” se evidenciaron en fases más avanzadas.

La tan esperada presión tras pérdida con la que Valverde sella sus partidos se apareció en Estados Unidos, pero más por presencia que por efectividad. De las 31 posesiones de balón de las que gozó la Juventus a lo largo de la primera mitad, el Barça solo fue capaz de recuperar ocho de ellas en campo rival, cediendo el resto en forma de ataques posicionales longevos que si bien no acababan apenas amenazando la meta de Cillessen sí que evidenciaban la falta de madurez del equipo de Valverde. En la supuesta idea de juego de posición en la que el arma más letal siempre resulta de los contragolpes, la Juventus promedió 13,5 segundos por cada posesión; el Barça dominó el juego, y la posesión, pero los ataques italianos partieron de lo estático. La presión existió, pero su eficacia aún está por demostrarse.

La gran pregunta dentro de las multitud planteadas desde la llegada de Ernesto Valverde es: ¿qué será Leo Messi con él? Faltan semanas, o incluso meses, para poder responder con cierta seguridad a la incógnita, pero de momento sí sabemos qué fue Leo ante la Juventus.

Zona de recepción de Leo Messi ante la Juventus.

En un 90% de ocasiones, Leo Messi recibió el esférico en campo contrario. Y más de la mitad de balones recibidos fueron en el último cuarto. Si bien es cierto que el argentino tuvo que recoger el testigo en zonas de gestión, su tarea aconstumbraba a enfocarse más a enviarlo a la zona de finalización, o recibirlo directamente en ella. Cediendo la organización a otras figuras como Iniesta o Samper, Leo se alejó de un campo propio que meses atrás había visitado con frecuencia para acercarse a la zona en la que Valverde le define como “más diferencial es”. Dicho esto, los dos goles de Neymar llegaron tras un pase previo entre líneas de Leo Messi desde el tercer cuarto avanzado de campo.

Lo que será el Barça de Valverde es una incógnita. Lo que fue ante la Juventus es algo más alcanzable, pero con tantos condicionantes que atribuirle más valor del que realmente tiene es tan fácil como ineficiente. De momento, a la espera del debut oficial de Ernesto, seguiremos desgranando los pedacitos de muestra que nos ofrece una pretemporada que se antoja larga.

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