FCB 2003 – 2016: ¿A qué ha jugado cada entrenador?

Analizadas las diferencias existentes entre cada uno de los técnicos en función de los indicadores que describen el “estilo Barça”, cabe preguntarse en un análisis más individualizado, y teniendo en cuenta las estadísticas y los resultados descritos anteriormente, si han respetado ese estilo o se han alejado de él en los cinco encuentros analizados de cada entrenador. 

El “estilo Barça” a la italiana de Rijkaard

Si se analizara, como se ha hecho en este estudio, los cinco años previos a la llegada de Frank Rijkaard al FC Barcelona se vería como el club estuvo muy alejado de su estilo con entrenadores variopintos. La llegada del neerlandés supuso una vuelta a “los orígenes” que serviría como base para el punto máximo que alcanzó Josep Guardiola.

La idea del holandés fue la de aplicar el “estilo Barça” con sus propios matices. Como se ha visto, cumplía con una salida de balón limpia, con escasas pérdidas en campo propio, mucho juego en campo rival y una circulación del balón efectiva. En la pérdida de posesión fue donde Rijkaard aplicó lo que había aprendido cuando fue discípulo de Arigo Sacchi y dio su propio sello al modelo azulgrana. Fue capaz de diseñar una defensa en campo propio muy difícil de traspasar en compensación con la ausencia de la presión en campo rival (aquneu estuviera presente contra ciertos equipos), lo que le permitió minimizar los contragolpes y, a su vez, las posesiones largas del contrario. Ese complemento que en el estilo idílico se trataba de las recuperaciones en el centro del campo, Rijkaard lo usó como elemento definitorio de lo que fue su paso por el club.

El punto álgido del estilo: Josep Guardiola

Apenas hay indicador analizado en el que Guardiola no sea el mejor. Dio continuidad al “estilo Barça” maximizando la utilidad de las posesiones y, sobre todo, anulando casi por completo los intentos del rival de llegar a la portería. La media de posesión que concedía al contrario, que no alcanzaba ni los siete segundos, así como la cantidad de recuperaciones en campo contrario son el sello del catalán.

No solo fue capaz de minimizar los pases “estériles” del equipo, sino que lo dotó de una salida de balón todavía más eficiente que la de la anterior etapa, con porcentajes de posesión de récord y casi anulando tanto los contragolpes como las ocasiones de los contrarios. De las etapas analizadas, la de Josep Guardiola es la más cercana al “estilo Barça” de manual.

La inacabada labor de Vilanova

En un momento en el que las estadísticas de Guardiola empezaban a menguar, llegó el que había sido su segundo entrenador a lo largo de cuatro años para intentar dar continuidad al estilo y, además, aportar de su propia cosecha. En la temporada en la que estuvo, a pesar de ausentarse por enfermedad en el tramo final, Tito Vilanova consiguió, en gran medida, lo que se propuso.

Sin dotar a su equipo de la casi perfección estadística que alcanzó su antecesor, Vilanova optó por un Barça más conservador, que moviera más el balón, aun sabiendo que parte de ese movimiento pudiera considerarse estéril, y con ello desesperar al rival. A pesar de la pérdida de efectividad en la salida (aun con el “pero” añadido en su análisis), su equipo recordaba con asiduidad al de Guardiola, consiguiendo posesiones muy cortas del rival, recuperando el balón cerca de la portería contraria y minimizando, todavía más que Pep, los contraataques del rival. Quedará la duda eterna de lo que habría hecho con más tiempo al mando de ese equipo.

La transición del Tata

El contexto histórico que envuelve la contratación del Tata Martino sesga el análisis de su año al mando del club. Llegó sin saber exactamente qué era el “estilo Barça” y se fue, seguramente, con más dudas de las que entró. Lo que había heredado de Vilanova y Guardiola permitió que sus estadísticas se acercaran, hasta cierto punto, a las requeridas en el modelo azulgrana, pero al intentar implantar parte de su sello se quedó a medias.

Intentó hacer de su equipo algo que se adaptara al rival, hecho que descuidó las bases del “estilo Barça” y mermó sus estadísticas. Implantó un FC Barcelona más vertical, con menos toques de balón en sus posesiones y apostando más por las transiciones, hecho que hizo aumentar las posesiones del contrario en tiempo y permitió que éstos le atacaran a través de diferentes registros. El Tata Martino se quedó en medio de lo que debía ser y lo que quería ser.

El alejamiento definitivo de Luis Enrique

Ante la crisis de identidad con la que finalizó la temporada del argentino, llegó Luis Enrique para, supuestamente, devolver al FC Barcelona a su idea de juego. El asturiano debía darle una vuelta a la idea y, como Rijkaard, Guardiola y Tito anteriormente, dotarla de un sello propio. Sin embargo, decidió alejarse del “estilo Barça”.

Los problemas en la salida del balón provocaban que el equipo llegara con dificultades a plantarse en campo rival, lo que mermaba la capacidad de hacer útil la circulación de balón y, con ello, el posicionamiento tras pérdida. La presión, aunque existente, resultó estéril pues los registros del tiempo de posesión del rival alcanzaron sus máximos. El FC Barcelona era atacado por contragolpes y en estático. Esto último favorecía los contraataques propios y, a su vez, alejaba a las estadísticas del estilo que se le presupone al club.

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