Doble reto cumplido

La ausencia de Leo Messi planteaba un doble reto a Luis Enrique. El primero, replantear un esquema tras el cual existía la idea principal de dotar al argentino de mayor facilidades para recibir y repartir en zonas avanzadas. Sin él en el campo, el 3-4-3 perdía gran parte de su esencia, más cuando lo que había que reforzar en dicha tesitura era el pasillo de Neymar. El segundo reto, más anímico, pues no podía empezar el FC Barcelona un tan exigente mes de abril renunciando a las opciones, aun escasas, que todavía se reserva para lograr una Liga que a cada jornada se torna más blanca. La respuesta a lo primero fue devolver al equipo a aquello que les resulta más familiar. A lo segundo respondieron todos, pero impulsados por Busquets, Rakitic y los dos seres que destrozaron cualquier creencia del Granada.

No solo fue Messi el que no pisó el césped, sino que el tándem de centrales más titular cedió galones a Mascherano y Mathieu. El argentino fue capaz de mantener la compostura en todo momento y se erigió, como se esperaba, como el líder de una zaga que sufrió a sus espaldas un par de embestidas de su rival. Dos veces superaron los locales al francés y a Alba, y una de ellas acabó al fondo de la red. Pero no era la defensa la que iba a evitar o provocar nada.

Tampoco estaba Iniesta. Y viendo los precedentes en otras citas del Barça esta temporada, las explicaciones de lo que puede sufrir el equipo en su ausencia sobran. Pero emergieron Busquets y Rakitic. El primero dio ese tiempo añadido del que carecen sus compañeros sin el manchego y repartió balones consciente que el encargado de ello no podía ser otro porque ni primero Rafinha ni luego André lo habían sido a lo largo de la temporada. Una vez más desde el más profundo silencio, Rakitic renació de sus cenizas para juntarse, desde la derecha, con Suárez, Neymar y Alcácer. No solo complementó con pases aquello a lo que Busquets no llegaba, sino que sirvió de nexo entre el resto y la delantera sin cesar nunca de sus virtudes defensivas.

A la película de terror fantástico que estaba viviendo el Granada no podían faltarle los monstruos que destruyen todo a su paso. Y como en la ausencia de Leo en 2016, Neymar fue un vendaval y Suárez un ejecutor. Desatado en la izquierda, el brasileño fue capaz de romper, correr, regatear, inquietar y todo lo que pueda hacer un jugador como él para que los andaluces tengan pesadillas el resto de la semana. Mientras, el festín que se dio el uruguayo parecía orquestado por un ser maquiavélico que había puesto a Neymar como distracción para que el horror verdadero lo aportar Suárez. Todavía siguen detrás de él varios jugadores del Granada a la espera de que, algún día, deje de ir a intentarlo todo.

Ni antes ni después del empate parecía que los locales pudieran con tal terremoto. En un partido tras selecciones, sin Messi, Iniesta, Piqué y Umtiti, el Barça fue capaz de dar un golpe de autoridad y cumplir, tanto Luis Enrique como los jugadores, con ese doble reto que el contexto les había impuesto.

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