La tiranía de Leo Messi

“Solo él podía defender a su pueblo y a su amor de tan indomable bestia. La misma que había tiranizado con miedo a todo aquello que le pertenecía. Un simple caballero con una lanza y un escudo debía ser capaz de atravesar tan impenetrable piel. Por orgullo y por amor, pero sobre todo para demostrar a su rival que la tiranía iba a tener otro dueño.” – Sant Jordi

Solo Leo Messi es capaz de presentarse en el Santiago Bernabéu con este Barça, tras una eliminación de Champions, sin Neymar y perpetuar la exhibición que con impotencia presenciaron los aficionados del Real Madrid este domingo. La misma que sintió Casemiro cuando fracasó al serle asignada una misión que, en realidad, es imposible. O la de un escenario que jamás en la historia había perdido en el añadido en Liga. En definitiva, la impotencia de todo un club que cedió, una vez más, ante lo inevitable.

Puede que los cinco primeros minutos del cuadro de Zidane inquietaran a su rival, consciente de unas debilidades que no resolvió nunca esta temporada, pero ya se intuyó en el primer balón del argentino que algo podía pasar, pues en ese tiempo solo él había logrado domar el balón en favor de su equipo. Pero el Madrid generaba con poco y eso le empezaba a molestar. Casemiro le cazó por detrás a los doce minutos y Marcelo le hizo sangrar minutos después, lo que acabó por enfadarle. Junto con un planteamiento de Zidane que no contemplaba nada especial para defenderse del argentino, el Madrid acabó despertando algo que no era capaz de controlar.

El ritmo lo marcaba Leo, habilitado por Alba, quien agradecía que Alcácer hiciera todo lo posible para cederle el carril izquierdo. Con la ayuda de un partido memorable de ter Stegen. Secundado por un Busquets al que tampoco impidió el rival recibir. Respaldado por una zaga que no titubeó ante las embestidas contrarias, por débil que fuera la transición defensiva. Y bendecido con un Sergi Roberto al que jamás se le podrá agradecer lo suficiente esta temporada, por infructuosa que resulte finalmente. Pero, la victoria, fue cosa de Messi. Solo suya, porque no hay jugador en la historia que del partido del FC Barcelona del domingo hubiese sacado una victoria.

Pero nada ayudó tanto al partido de Leo como el del Real Madrid. ¿Por qué Zidane se ‘olvidó’ de él? Abel Rojas lo define como “un acto de fe”, el jugar a la espera de que no aparezca, que se imponga el juego de su equipo a él. De ser así, en cierta forma no hay fundamento para creer que eso es posible. Messi puede fallar, lo ha hecho y lo hará, pero no si un conjunto se esfuerza tanto en lo colectivo y lo individual para que no sea así.

Cuando el Santiago Bernabéu ya creía que la tiranía de Leo Messi había terminado, cuando su equipo le había secado varios partidos, él mostró su camiseta para recordarles que no era más que una ilusión, una creencia basada más en la esperanza que en lo que les decía la razón. Porque puedes ser el Real Madrid, pero cuando te cruzas con Leo Messi, no eres más que un dragón al que se le han acabado sus días.

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