Sucker Punch Barcelona

¿Cuál es el origen de la percepción social que se tiene de una película? ¿Qué es lo que nos hace aceptar, a la mayoría, que un film es bueno incluso antes de verlo o que no vale la pena sin haber visualizado ni siquiera un minuto del mismo? ¿Es, realmente, la profesión de crítico de cine tan capaz de manipular opiniones? ¿O no tiene nada que ver? Y por otro lado, ¿qué es lo que nos hace creer que el FC Barcelona sigue creyendo en un modelo y que lo aplica? ¿Tanto poder de persuasión tiene la prensa que se dedica a vender el “sí”? ¿O es que la que debería concentrarse en decirnos que “no” está por otros asuntos? ¿Y si eso es solo una pequeña parte, además condicionada por la fuente? ¿Y si una película fuera capaz de decirnos justamente lo contrario de lo que nos vende el fútbol? Porque lo es.

Todos tenemos a ese alguien a quien preguntamos por una nueva película. En algunos casos, se trata de un crítico de cine, en otros un familiar, un amigo, alguien a quien seguimos en Twitter, e incluso a veces, sin ni siquiera interesarnos, obtenemos feedback de un largometraje. Ese es el final de una larga cadena que acaba en el espectador, como los impuestos, que tras pasar por una infinidad de empresas terminan por cargarse al consumidor final. Esta especie de “juego del teléfono” al que se ve sometida una película en los inicios de su ‘vida’ tiene a varios responsable inmediatos. En primer lugar, al propio film y todo su elenco, junto con los directores, productores y demás. En segundo lugar, a los encargados de venderlo. Y, finalmente, a los críticos (quienes lo venderán o rechazarán en función de sus gustos) y personajes de influencia en la opinión pública. Curiosamente, los que envían el mensaje original, los encargados de la película, tienden a condicionar vagamente la opinión pública. Puedes hacerlo muy bien, que el film resulte algo redondo y bien estructurado, pero que tras pasar el primer filtro (los encargados de venderlo) acabe cualquier esperanza de éxito. De otra forma, el resultado final de una película puede ser desastroso, pero venderlo de tal manera e influir tanto en la crítica que el espectador lo acabe percibiendo como algo bueno. Y aquí empezamos nuestro paralelismo.

Sucker Punch o el inevitable fracaso de lo benigno

Zack Snyder, director de nuestra película protagonista, no sabía el desastre que iba a ser su más que trabajado largometraje tras dar por finalizado el rodaje del mismo. Después de semanas trabajando en un thriller psicológico innovador, con acciones propias de “Kill Bill” añadidas de por medio, con una banda sonora envidiable y un vestuario tan cambiante como hipnótico, Sucker Punch (“Lo inevitable”) pasó a manos de quien debía empezar a venderlo: el productor encargado del tráiler. Fue tal el despropósito que en vez de vender lo que la película era, un esfuerzo considerable en un guión que juega con la mente del espectador de principio a fin, acabó diciendo que lo que se iba a proyectar era esto:

Aquí acabó el sueño de Zack, por supuesto. ¿Cuántos de vosotros habéis percibido un thriller psicológico en los pocos minutos de vídeo? Pocos o ninguno. La cosa había empezado muy bien, pero entonces llegó la parte de márquetin y se hundió incluso antes de llegar a la crítica, que le daría la estocada final a Sucker Punch.

“Una fantasía masculina, de adolescente salidillo o de cerebro absorbido por los videojuegos, comics (…) tan sexy como un musical de Disney (…)” – Antonio Weinrichter, Diario ABC

Coincidiréis todos con Antonio, y cuando digo “todos” me refiero a los que no hayáis visto al película y sí el tráiler. Porque es eso, “una fantasía de adolescente salidillo absorbido por los videojuegos”. Y nada más lejos de la realidad. Las partes que muestra el vídeo de promoción son, precisamente, las que usa el director para evitar que la película se convierta en parte de eso, pues son las escenas en las que la protagonista ‘hipnotiza’ a los ‘malos’ a través de sus habilidades en el baile. Unos pocos instantes del largometraje en los que, además, Zack Snyder no pierde el hilo del guión y añade, a partir de escenas de acción, los vínculos que puedan crear los protagonistas entre sí.

Se la cargaron. Yo la disfruté, y algunos más, pero sin duda es una película que tiene poco a envidiar a otras tantas que han acabado triunfando entre la opinión pública. Sin embargo, también existe el caso contrario, como hemos dicho anteriormente, pero esta vez nos iremos al fútbol para escenificarlo.

El modelo del FC Barcelona o la mentira dicha tantas veces que acabó siendo verdad

Josep Maria Bartomeu y su elenco seguramente eran más conscientes de cómo iba a calar el mensaje de su ficción de lo que lo era el director de Sucker Punch. Su largometraje, que no se sostiene ni con las mejores pinzas, luce un guión vacío de significado en el que, desde el primer segundo, uno es capaz de darse cuenta que pasará antes por los Premios Razzie que por los Globos de Oro. Por supuesto, su ‘productor’ encargado de venderlo lo hizo a las mil maravillas. Y es que el Triplete logrado por el FC Barcelona en 2015 fue el impulso imprescindible para que el film de Bartomeu, “Seguimos el modelo y otras historias”, tuviera el éxito que cosechó ese verano.

El Triplete fue el tráiler, el gran impulso, un mensaje que no precisó de palabras pues la opinión pública aceptó, sin mucha resistencia, lo que pareció extraerse de aquello: “Esto es lo que nos espera con esta Directiva”. Inmejorable estrategia de márquetin que, como cualquier película, también precisa de un buen porcentaje de suerte.

Pero faltaba la crítica. El último filtro. Y, claro, no decepcionó. La prensa mayoritaria en Barcelona sirvió de apoyo desde el primer día, sin cuestionarse nada. Simplemente, vieron la película, el tráiler y decidieron poner un 10 en FilmAffinity en masa, con reseñas literarias que encandilaron a la mayor parte de la masa social del club. Una pequeña voz protestante nació en webs minoritarias de crítica cineasta, pero no sirvió para demasiado.

Construir una mentira es más complicado que destruir una verdad. Con Sucker Punch solo hizo falta un mal tráiler y una peor crítica para que quedara en el olvido. Con el FC Barcelona hizo falta el Triplete y una buena crítica para establecerse como algo bueno pero, de por medio, a medida que se han ido destapando todos los errores del largometraje, han hecho falta campañas, como “La Masia no se toca”, comunicados, “Llegaremos hasta el final en el caso de las esteladas”, ruedas de prensa, más críticas… una larga cadena de venta de un producto vacío.

A día de hoy, el FC Barcelona es la antítesis de Sucker Punch. Es esa película que no transmite nada y que falla en casi todo lo que propone pero que ha calado tanto en la opinión pública a través del márquetin y de la crítica que hasta que los protagonistas no dan síntomas de decaer en lo que parece la puesta en marcha de nuevas secuelas, nos parece que estamos ante la saga de “El Padrino”.

Dar las gracias a Marc Roca (@somemarcus) por el apoyo incondicional a este artículo y a la película, la buena, Sucker Punch, la cual recomiendo.

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