La nada

“No quedó nada. Ni siquiera un lago seco. Un hoyo sería algo, pero no quedó nada. Y esa nada cada vez se hizo más grande”, Come Rocas (La Historia Interminable).

Podríamos pasarnos horas intentando descifrar qué es “la nada”. Durante ese tiempo, hablaríamos de filosofía, de Sartre o Epicuro, a la vez que mencionaríamos a Newton, cuando orientáramos la conversación hacia lo científico, aunque la desesperación al no encontrar respuesta nos haría volver a la filosofía. Y tampoco llegaríamos, paradójicamente, a nada. Así pues, tomaremos por válido lo que el Come Rocas comenta a otras criaturas en La Historia Interminable y que citamos anteriormente. La nada es, en esencia, nada.

Sin embargo, y entrando en el mundo de las paradojas, “la nada” se puede escenificar. Porque Argentina lo hace cada vez que salta al terreno de juego. Es capaz de demostrarnos que, por abstracto que nos parezca el concepto, a la postre es real. El combinado de Bauza ha sido capaz de quitarle sentido a las palabras del Come Rocas. Porque “la nada” sigue siendo nada, pero a diferencia de lo que la criatura crea, sí se puede definir como algo, como el vacío de algo. Lo que se le supone a una selección, y que se debería ver aumentado exponencialmente en la que vive los últimos años de Leo Messi, no existe en la albiceleste. Porque no hay proyecto, no hay una idea, ni siquiera jugadores, y las últimas citas muestran que, aun con Leo en el campo, sigue sin haber nada. Pero Argentina era algo. Imperfecto, pero material, perceptible. Y no es posible descifrar el cómo ha llegado a este punto tan crítico Argentina sin la inestimable ayuda de Gmork.

“Fantasía no tiene fronteras. Cada parte de su reino, cada criatura suya, no es más que un trozo de los sueños y esperanzas de la humanidad. Pero los hombres han perdido sus esperanzas y sus sueños, y la nada es el vacío que queda, como una ciega desesperación que destruye este mundo”, Gmork (La Historia Interminable).

Con el paso de los años, los jugadores han ido perdiendo la fe. Quizá aquello que más definió a muchas generaciones de argentinos se ha ido diluyendo hasta que no ha quedado nada. Las frustraciones a las que se ha visto sometida Argentina han sido el impulso imprescindible para llegar a la situación actual. Y todas ellas, que pudieron incluso con Messi, el guerrero, ese Atreyu que debía evitar el progreso de “la nada”, han dejado tal huella en los protagonistas de la selección actual que no parece que el avance de “la nada” se pueda frenar. Solo los resultados positivos se perciben como señal de no vacío, aunque las evidencias indiquen que, en realidad, no es más que una ilusión, el árbol que normalmente no deja ver el bosque pero que en este caso no cuenta con la embergadura suficiente.

Leo Messi ha sido Atreyu demasiadas veces en su carrera como para exigirle que salve Fantasía una vez más. Aunque, ante el imponente avance de “la nada”, quizá no quede más remedio que pedirle un último esfuerzo.

One Comments

  1. Reply Post By Josep

    “La Nada” es un excelente e imaginativo artículo, que demuestra que se puede escribir sobre fútbol y captar el interés de los menos interesados en el deporte rey. Y, efectivamente, Argentina parece que se encuentra en un estado deportivo que tiende al conjunto vacío.

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