Uno de mis mejores momentos

El Barça jugaba las semifinales de la Champions en el Allianz Arena contra el Bayern de Múnich. Era un 23 de abril del 2013, el equipo aunque tenía la Liga en el bolsillo desde hacía tiempo, la de los cien puntos, en Europa el equipo había notado el desgaste de la temporada. En octavos había tenido que remontar un 2 a 0 al Milán de Allegri mientras que en cuartos se eliminó al PSG francés entrenado por el italiano Carlo Ancelotti perdiendo por el camino por lesión muscular a Leo Messi.

El factor más importante fue la pérdida de su referente, de su entrenador, Tito Vilanova, que recayó de su enfermedad, esa maldita enfermedad como es el cáncer. Durante gran parte de la temporada dejó su vacante a su segundo, Jordi Roura que no siempre estuvo a la altura. Al equipo le costó digerir esa situación y mentalmente fue bajando los brazos con el devenir de los meses, cosa por otra parte lógica en chicos de veinte años.

A pesar de todos estos factores la temporada no era mala hasta entonces con un equipo que ganaría una Liga y llegó a las semifinales de la Copa y de la Champions pero Alemania marcó un punto y aparte en el curso del equipo. El entrenador volvió a tiempo para afrontar la eliminatoria contra el Bayern y Messi hizo un esfuerzo titánico para estar en ese partido aun sabiendo que estaba lesionado, fue un acto de generosidad.

Pero el futbol no entiende de actos solidarios y en la alta competición o estas “Top” o acabas destruido, si mentalmente no estás preparado tu cuerpo no te obedece. Los alemanes olieron la sangre y fueron a hundir la nave azulgrana. El Bayern sometió al Barça con un 4 a 0 doloroso, goles de Müller y Mario Gómez en la primera parte y otra vez Müller y Robben en la segunda. Fue una bofetada deportiva en toda regla. Tito con las manos cruzadas, desde la cal de la banda, con una chaqueta negra y con un rostro blanquecino, veía la derrota sin mostrar ninguna indicación técnica que hablara que emociones sentía en aquellos momentos de zozobra.

Tito volvió con una enfermedad dura, cruel y que te pone en los límites, tanto físicos como mentales, pero se presentó para estar enfrente de su equipo. Tito supo que tenía la responsabilidad de dirigir a un grupo que había sufrido con él la enfermedad de Abidal y después con la suya. Sabía que su estrella había expuesto su músculo y sus cuatro Balones de Oro para apoyarle desde el campo, y eso lo hacía más grande como persona. Tito sentía esa responsabilidad, la de defender un escudo centenario y la de millones de seguidores que esperaban a su entrenador desde hacía meses. No todo es ganar, hay actos, acciones humanas más importantes que un resultado. Poder ver como un hombre se convierte en un mito hace que una derrota dolorosa de mi equipo se convierta en uno de mis mejores momentos.

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