El camino a la perdición

Cuando el balón superó a Ante Tomic, un pívot de 218 centímetros que defendía a otro de 213, en el Buesa Arena ya se respiraba el olor a cuarto partido. Demasiada ventaja había desperdiciado el Barça, que a tres minutos del final superaba a Baskonia de diez puntos, y mucho más vivos se veía a los pupilos de Perasovic, quienes aun no habían dejado ni sombra de su temporada en estos play-offs. Bourousis cumplió, ante un cronómetro que no arrancó hasta que el griego ya controlaba el esférico con sus dos manos, y la prórroga sirvió para evidenciar, una vez más, que este Barça parece no tener remedio.

“Hemos hecho cosas impropias de este equipo”

Eran las palabras de Abrines tras la derrota, quien pareció omitir todo el currículum que ha dejado el cuadro de Pascual atrás esta temporada. Viéndolo con perspectiva, Àlex hacía referencia a lo que un club como el Barça no se puede permitir. Confiarse es propio de cualquier equipo, por profesional que sea, y a veces el exceso de relajación lleva a sustos importantes (que se lo digan a CSKA). Pero lo de este equipo va más allá. Incapaz de contagiarse de la energía de Samuels o de la alegría de Satoransky, los jugadores avanzan sin rumbo, presos de su calidad individual y atascados en lo colectivo. Capaces de inhabilitar el tiro exterior de Baskonia en el primer cuarto y hacer que Bourousis les aniquile con lanzamientos con el defensor a más de metro y medio de distancia. Inmunes a los chillidos de su entrenador desde el banquillo y tolerantes ante un tiempo muerto en el que Pascual miró a la pizarra durante un minuto sin reacción alguna y acabó pidiendo un doble bloqueo para el base. Conformes con una ventaja de dos puntos a menos de un segundo para el final e incapaces de cortar un pase de treinta metros. Sin nervio ante un mal uso del cronómetro y sin la sangre caliente que Hezonja demostró tener hace un año.

“Si no tengo minutos, no puedo demostrar nada”

El Barça, a día de hoy, es un equipo con muchos activos pero pocos argumentos. Y declaraciones como las de Arroyo semanas atrás evidencian que hay algo, o mucho, que no va bien. La temporada del puertorriqueño es paupérrima y resulta esperpéntico que pueda ni siquiera hacer referencia a sus minutos o a cualquier otro hecho que no sea su incapacidad para ser una sombra de lo que llegó a ser en su día. Sin embargo, no debería sorprendernos pues su entrenador es el primero en premiarle con minutos decisivos como los que tuvo ante Lokomotiv Kuban en el quinto partido de cuartos de final de la Euroliga.

Lo del Barça es un problema global, desde la gestión deportiva a los jugadores, pasando por el cuerpo técnico, incapaz de hacer autocrítica y a la defensiva cuando los periodistas le demandan explicaciones. Gane o no la ACB, la sección necesita un vuelco radical, con caras nuevas en todo el organigrama y con un proyecto lozano. De seguir este camino, el equipo está condenado a esa palabra que tanta aversión parece provocarle a Pascual: el fracaso.

2 Comments

  1. Reply Post By Tano-Urayoán

    Fe de errata, Arroyo es puertorriqueño no costarricense

  2. Cierto! Lapsus, corregido!

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